Recordar: El miedo y el olvido

La obra “Recordar: El miedo y el olvido” tuvo su lugar en la Casa de la Cultura de Chiguayante durante el Festival de Teatro Fío Fío este 3 de octubre a las 19:00hrs, donde la compañía de circo contemporáneo Leguau.cia nos deleita una vez más con esta propuesta innovadora y cargada de emociones que nos evocan como sociedad. En esta ocasión representada por los intérpretes de circo -Heraldo Silva, Nicolás Ulloa y Joselyn Galindo- quienes movieron el escenario.

La puesta en escena propone un viaje entre el presente y el pasado, explorando cómo la memoria se fragmenta, se confunde y se desvanece bajo el impacto del Alzheimer. Mientras tanto, quienes cuidan ,con frecuencia familiares, enfrentan no solo el desgaste físico, emocional y social, sino también la sensación de invisibilidad y abandono ante un sistema que no se encuentra preparado para acompañarlos.

A través de movimientos de circo, danza, iluminación y atmósferas sonoras, la obra recrea metáforas para este deterioro; la caída de la memoria, la repetición de gestos, la pérdida del conocimiento y también la carga del cuidador que, con amor, asume la responsabilidad, pero se siente progresivamente atrapado.

El formato de circo contemporáneo se convierte aquí en un vehículo potente para transmitir lo que muchas veces no puede nombrarse con palabras. Las acrobacias y los espacios escénicos amplían lo corporal y lo simbólico: un movimiento en que se pierde el equilibrio remite a el cansancio del cuidador o del propio enfermo y como ante momentos de revivir tu felicidad, un desplome en las acrobacias, música e iluminación nos hacen volver a la realidad, como si de un bucle se tratase.

Entre los temas centrales está la vulnerabilidad humana y las dos caras de la misma moneda: la persona mayor que empieza a perder memoria y autonomía, y el cuidador que pierde parte de sí mismo al asumir una tarea cotidiana que se vuelve tan crucial como agotadora. La obra invita a la reflexión sobre cómo vivimos la vejez, la dependencia, la enfermedad y el cuidado. También hace visible aquello que se mantiene oculto: la soledad de quien cuida, la invisibilización social y estatal de ese rol, y el peso emocional que conlleva sostener a alguien que ya no puede sostenerse por sí mismo.

Una de las virtudes de este relato es traducir lo intangible, como el olvido, la fragmentación de la memoria y el silencio del cuidador en imágenes corporales, gestos y atmósferas escénicas que conmueven al espectador. La pieza aporta tanto desde el arte como desde la conciencia social.

Sin embargo, para algunos espectadores puede resultar exigente: el uso de lenguajes no verbales, la referencia simbólica al deterioro o la ausencia de una trama tradicional pueden implicar confusión para el público que espera narrativa convencional. Pero esa misma exigencia es parte de la fuerza en esta crítica social.

En definitiva, “Recordar. El miedo y el olvido.» Es una obra necesaria, actual y conmovedora. Nos permite mirar de frente el tema de esta enfermedad y del cuidado, dos realidades que cada vez más forman parte de nuestra sociedad, desde un lenguaje artístico que nos obliga a sentir, temer, reflexionar y, sobre todo, reconocer al otro y su vulnerabilidad. Es un llamado a la empatía, a reconocer tanto al que se pierde como recordar al que sostiene, y a preguntarnos qué tipo de redes estamos dispuestos a construir para que cuidarse no signifique también olvidarse.