Es un monólogo que muestra las dificultades que enfrenta una actriz cuando deja de ser convocada, por el envejecimiento en una industria que valora la juventud y la apariencia física por sobre la experiencia.
Fue producida por María Amnesia Artes Escénicas, La Fanfarrona Teatro y Gato Bomba Estudio Audiovisual, escrita por Francisca Díaz y dirigida por Daniela Ortiz.
La obra combina tristeza y comedia, representadas a través de la danza y el lenguaje audiovisual. A través de episodios cómicos y otros más reflexivos, MaizaCzischke, quien da vida a este personaje con su mismo nombre, desnuda su vida profesional y personal, explorando temas como las humillaciones en los castings, la precariedad laboral en el mundo del teatro, la búsqueda constante de validación y pertenencia, sobre todo el envejecimiento, explicando como la sociedad lo evita enfrentar.
Maiza narra momentos de su vida como actriz y otros trabajos que ha tomado para ganar dinero, desde actuar como Marilyn Monroe en cumpleaños hasta realizar aseo o trabajos relacionados con la actuación no profesional.
Durante la obra, ella cuestiona el valor de su arte y lo que implica seguir luchando en una industria que parece haberla dejado atrás. A pesar de las dificultades, Maiza encuentra consuelo en su amor por contar historias, incluso después de haber sido marginada.
En monólogos extensos como este, la estructura de la historia debe estar muy bien pensada: variaciones de ritmo, momentos de respiro, modulaciones de humor y tragedia, todo esto para no aburrir al espectador. La actriz logra sostener la obra con su cuerpo, voz y presencia escénica, dejando al público riendo y en silencio cuando era necesario.
La cámara en vivo muestra los gestos de la actriz y también proyecta referencias al pasado, dando un complemento visual y emotivo al monólogo. Sirve como un registro que acompaña la actuación, profundizando el dolor que se experimenta sobre la edad y el género.
Maiza nos invita a mirar el cuerpo envejecido, la historia que la margina y la necesidad de validar la vejez como algo que es artístico.
“Una actriz que envejece y no la llaman más” habla no solo para quienes han vivido esa invisibilidad, sino también para quienes estén dispuestos a entenderla, logrando conectar hasta con quien no vive la vejez o los estereotipos impuestos a las mujeres.