Al presentar tu vida en el arte, he llegado hasta una trilogía: coreógrafo, bailarín, escritor. Resume ella misma, tanto momentos de vida, como prácticas de arte, a la vez que decide momentos de creación. ¿Quién es Joel Inzunza al día de hoy? ¿Qué recorrido designa su tránsito desde el Joel alumno y practicante de la danza en los primeros días de Calaucán? ¿Cómo ha sido su paso desde la interpretación al momento de la coreografía? Perteneciste a una escuela y compañía de danza singular, única, en el centro sur del país. Un eje que sin duda está en la base de muchos artistas del mundo de las artes escénicas de nuestra región, en el día de hoy. Perteneciste en su momento, en los fines del siglo, a un “mundo del arte” que presentaba un código de participación activo, poseedor de muchas líneas entrecruzadas. Calaucán era en ese momento, un gran centro de arte, de producción, formación y difusión, con una mirada polifacética, sin símil en esos momentos, en el centro sur del país. Dices de la Escuela de danza y compañía Calaucán, en relación a su fin, allá por el 2008, tras una década de enseñanza y arte: “Calaucán en esos momentos se convierte como en una mujer que comienza a visualizar su muerte y ante este dolor comienza a producir muchos hijos… aunque creo que esto, fue un fenómeno que no lo comprendía Calaucán mismo … yo creo que esa crisis hizo que muchos artistas se dieran a buscar sus propios caminos. Luego, después de los años, reconocieron el valor que tuvo. Calaucán fue un lenguaje que se instaló en nuestras vidas.” Luego, por tu cuenta, y junto a un grupo de amigos y amigas artistas, das inicio a tu propio camino. Entre el 2008 y el 2011 junto a otros artistas, algunos ligados a Calaucán, diste origen al Festival Internacional Danzas y Tendencias, en Concepción. Luego vendría un trabajo continuo, que incluye creación y aprendizaje tanto en Chile como fuera del país. Hasta constituir tu propia compañía. Y en este proceso de búsqueda y experimentación natural, diste por fin con la escritura. La danza es escritura efímera, en movimiento, en el aire, concluyes. Pero… ¿Como es que concluyen en esta alianza con la poesía, la literatura? No es “poesía danzada” ni tampoco una “poesía de la danza”, aunque sí es la danza mezclada con otras fuentes artísticas. Dices “el ámbito de la literatura apareció como una necesidad de ir ordenando, acaso registrando lo efímero, lo volátil de la danza. Hay varios autores que hablan de esta característica: lo que se le desprende al movimiento son aquellas cuestiones de lo efímero, aquello que va siendo evanescente. Y de alguna manera los bailarines, aquellas personas que se dedican al movimiento, entrenan su capacidad de mejorar su transitoria escritura en el espacio tiempo. Diríase que se dedican a escribir, pero que sabiendo que borran inmediatamente lo escrito. Creo entonces que aquella necesidad u obstinación de querer que las cosas no se borren, no se vayan, empezaron sutilmente a aterrizar en el papel … para ir haciendo apuntes, para ir ordenando escenas. Abordándola también desde personajes físicos, sin llegar a la narrativa, o la literalidad de estos. Iba entonces anotando algunas experiencias, acciones, energías, características… en fin, que comencé a encontrar que todo lo que aprendemos técnicamente, académicamente, tenía una potencia poética… y cuando hablábamos de cualidades del movimiento, de relaciones con el espacio, para mí, había otras cosas que se empezaban a desprender. De esa relación con el cuerpo. Y luego, la pandemia hace lo suyo. En pandemia aparece mi primer libro, que dialogaba con toda la danza… Su título, “Esta vez sobre el papel”, ya me aseguraba que la misma danza ya no dialogaba con el espacio, el escenario, la calle, la sala, sino que esta vez era sobre el papel. Eran poemas. Era igual el atreverse a otra área, como la literatura. Ahí mismo empecé a encontrar una zona de refugio, a conocer a personas del ámbito de la literatura, era como si en algún momento hubiese encontrado más empatizantes de mí, yo bicho raro: es muy redonda la conexión entre cuerpo y poesía. He logrado comprender aún más el fenómeno corporal desde la literatura… hay un lugar por explorar potente, una cuerpoesía… el cuerpo desprende un lenguaje potente… he logrado comprender con mayor potencia lo que rondaba… Hay un texto muy hermoso de Gilles Clement, en donde hace una “Breve historia del jardín”. Una presentación anota: El jardinero sabe que cuidar es también ceder espacio, escuchar los ritmos de lo vivo y reconocer el valor de lo que crece. El libro habla de los jardineros y el paisaje y el urbanismo y el autor nos dice que no nos olvidemos de los jardineros, porque son cuidadores de lo viviente. Yo puedo estar aquí, en este jardín, cuidándolo, pero hay momentos en que pierdo el contexto del paisaje y esa frontera entre las cosas, que es muy porosa, me ha permitido comprender que soy parte de un paisaje… Antes estaba podando las coreografías, la danza, la técnica, y me estaba perdiendo de todo el paisaje. Creo que esa porosidad me permitió reconocer un lugar muy tierno, muy frágil. Muy vulnerable, pues la porosidad es también el encuentro con la fragilidad de uno mismo, que uno practica diariamente en la sala de ensayo. Pero hablo de una neuroplasticidad que no había comprendido hasta ahora, algo “almático” que me permite comprender con mayor profundidad la rareza de mi naturaleza.