Leyla Selman

Dramaturga, actriz, escritora.

Leyla Selman. En 1000 palabras

"…cuando veo a mis compañeras y compañeros diciendo los textos, me cautivó."

Yo escribía desde que siempre. Siempre supe que iba a ser escritora y yo pensé que iba a ser narradora o soñaba eso, que iba a ser narradora y tenía inicios de novelas, puros inicios. Era una niña que escribe. Y después, entre a estudiar Danza en el Calaucán. Ahí comencé este camino que he desarrollado, digamos, como el camino del arte. Pero antes de llegar hasta eltraté de estudiar otras cosas como ingeniería, ingeniería forestal allá por los 90 Porque. tenía una relación con mi espacio más masculino, acaso. Aunque de esta ingeniería, lo que amaba, era la botánica, pues amo la naturaleza, mucho, De hecho, me iba súper mal en la carrera, pero en botánica me iba increíble. Fue un año lo que duré allí. Por ejemplo, en química no entendía nada. Miraba el pizarrón con anotaciones y formulas y no entendía nada. Y fracasé, pero seguí en Calaucán. Di la prueba de nuevo y esta vez entré a estudiar Derecho. Quería ser abogado, en el sentido más idealista de la palabra. Pero finalmente, en realidad, dela Universidad de Concepción lo que más recuerdo es haber entrado a la consulta de los psicólogos y psiquiatras. Yo sufrí mucho abuso sexual cuando niña, como de los 5 a los 12 años. Y me esforcé mucho por guardar el secreto. Entonces, mis neuronas se achicharraron y cuando entro al liceo, yo entro al liceo B44, ya en cuarto medio empiezo a colapsar. Y cuando entro a la universidad empiezo a colapsar de verdad. Entonces, empecé a ir a los psicólogos y al psiquiatra. Vuelvo al tema. Estudio derecho dos años y medio, me iba bien en la parte escrita, pero los ramos en ese tiempo eran anuales. Yo partía muy bien y terminaba muy mal en un examen donde estaban los profes ahí. Era completamente humillada, me decían “usted no puede sentarse aquí con esas notas y sabiendo cero”. Era bien terrible, pero porque yo estaba como perdida en el fondo. Aunque seguía en Calaucán de manera constante. Hasta que un profesor de procesal, Abuter, al que lo recuerdo con cariño, me hace un examen, un examen al que respondí todo bien por casualidad, pero me hace la última pregunta y me pregunta una cosa muy precisa, y luego como no respondo me dice ¿sabes qué? anda a estudiar danza mejor. Ahí decidí retirarme de la carrera. Luego, en el Espiral, doy la prueba, mi puntaje alcanzaba, todo bien, pero para beca, solo el 50 por ciento. Y yo era muy pobre, y no tenía nadie en Santiago. Y de pronto, en la espera, se abre la carrera de Teatro acá en Concepción. Y mis profes en el Calaucán, me habían dichoPaola, Mariela y Viviana quépor qué no estudiaba. En el Valle Central.  Pero no sabía mucho del teatro. Y entré a estudiar teatro sin ningún amor al teatro, sin entender nada del teatro, habiendo visto una obra de teatro que no me gustó, sin cultura de teatro, nada. Mis papás me llevaban al teatro y no sentía mucho afecto por él. Y la carrera fue así, paso a paso, pero rápidamente aprendí a escribir dramaturgia: alguien que tenía que escribir una escena con los compañeros haciendo teatro, como que rápido, rápido. Ni siquiera me acuerdo cómo, pero rápidamente me vi escribiendo y entonces cuando veo a mis compañeras y compañeros diciendo los textos,me cautivó. Fue maravilloso. Un flechazo y nunca más dejé de escribir. Y escribí y escribí, Ese fue mi inicio. Igual, el camino fue lento, aunque yo tengo un acontecimiento: estando en la Escuela postulo al Premio Nacional de Dramaturgia del 2003 y gano. Fue con Amador ausente. Obviamente eso me definió en la escuela. Así que seguí escribiendo. Luego termina la escuela y me veo en la necesidad de hacer teatro. Yo soy actriz y me iba bien como actriz. Yo era una persona a la que le iba bien. Actuó poco, pero actuó. Pero a mí lo que me pasa es que yo siempre siento mucho abandono. Y yo siento una necesidad de comunicación grade, grande. Imperiosa. Es como si no me comunico, muero. Y además si yo no hago algo nadie me va a llamar. Entonces empiezo a hacer teatro. Y echo mano a mis propios textos solo porque están muy cerca, porque también soy muy ignorante. Aunque era más ignorante antes que ahora. Lo que tenía que leer en la escuela lo había leído, todo lo que uno tiene que leer en términos generales, Autores, autoras también, a los que para montar echo mano. Es como muy un procedimiento muy animal, llamo gente y empezamos a hacer teatro. Entonces yo me divido en dos cosas, lo tengo claro a esta altura. Primero, es lo que hago a nivel escénico al principio, no solo yo, sino que varios que salimos como con la necesidad de aportar a la escena penquista que estaba pequeñita, muy diferente a como es hoy. Entonces salimos mucho a colaborar a la escena penquista para hacerla crecer. Aunque estaba Teatro Oráculo, El rostro, que tenían una historia muy larga, y la danza también. La danza era muy fuerte en ese tiempo… y yo por lo menos salgo con la voluntad de aportar a la escena penquista, muy obcecada con eso y empiezo a hacer trabajo escénico, mucho, sin parar y en eso también la lectura dramatizada, que es una cosa muy encantadora, porque uno se encuentra justamente con la palabrapero hablé de dos cosas” y la otra  es el camino solitario de la escritura, que es algo que se desarrolla a pesar de los ejercicios colectivos, se desarrolla en mayor medida de forma solitaria. Y ese es mi camino personal, en donde voy tratando siempre de aprender a escribir. El otro día, unas personas que hicieron un trabajo muy extraño de la Universidad de Concepción, hablando de mi trabajo, y fue como un oráculo raro el trabajo. Me dijeron algo, que yo tenía el síndrome del impostor. Que es que sientes que nunca eres nadie y que no te mereces el lugar que puedas estar ocupando en algún lugar. Y era un trabajo escrito, entonces yo lo leía y decía, pero ¿qué están diciendo? Esto es como un oráculo. Y yo no sabía lo que era el síndrome. Como que tengo un síndrome muy grave de identidad. Y por eso probablemente tengo un arraigo muy fuerte a la palabra. Porque ahí encuentro lo que es, ahí está mi voz. Si es que tengo alguna voz, es la que tengo en lo que se escribe.